Reiki: No Resistir

Oí hablar de reiki por primera vez hace muchos años, a través de alguien a quien quiero mucho. Luego, durante mi embarazo, alguien me hizo reiki una vez. Pasaron muchos años y, como quien dice, corrió mucha agua debajo del puente, hasta que un día le abrí definitivamente las puertas a esta práctica a través de las mágicas manos de una amiga. Yo estaba atravesando un momento tormentoso y, a partir de esa primera sanación todo empezó a cambiar. Lo único que tuve que hacer fue relajarme, cosa que, en ese momento, y por cómo estaba mi mente, era para mi la tarea más difícil del mundo!!! Sus manos me ayudaron a hacerlo, sólo tenía que dejarme llevar, sin miedo… Y ahí fue donde surgió la clave que el reiki me regaló para el resto de mi vida “NO RESISTIR”. Esa fue la primera gran enseñanza y desde entonces decidí que debía aprender esa técnica, no sólo para usarla conmigo misma, sino para ayudar a los demás a que pudieran sentir lo mismo que yo sentí.
Cada sesión de Reiki es diferente, porque estamos diferentes cada vez, porque necesitamos cosas diferentes a cada momento. Pero en la suma de cada una voy sintiendo como mi cuerpo, mi mente y mi espíritu van armonizándose cada vez más.
No sólo he aprendido a relajarme con el reiki, también aprendí a escucharme, a mí y a mi cuerpo. Aprendí a no dejar que las cosas me sobrepasen y con ello a ser feliz en cada momento.
Es difícil explicar con palabras lo que el reiki logra con tu cuerpo y tu mente,  es una experiencia sencilla y trascendental a la vez. Está al alcance de todos y te recomiendo vivirla, no una, sino mil veces.
Todo lo que necesitamos para sanarnos en cuerpo y mente está, precisamente, en nuestro cuerpo y en nuestra mente. En este caso, en las manos y en el pensamiento.
Luz y Amor.

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